El Evangelio en lo Cotidiano

Cuando pensamos en el evangelio, casi siempre lo asociamos con ese momento en que conocimos a Cristo y recibimos salvación. Y es verdad: el evangelio es la buena noticia de que Jesús nos salvó, nos perdonó y nos dio vida eterna. Pero muchas veces lo reducimos a ese instante y olvidamos que también es lo que nos sostiene todos los días.

El evangelio no es únicamente para el domingo en la iglesia, es para el lunes cuando suena la alarma temprano, para el miércoles cuando la rutina pesa y para el viernes cuando la presión del trabajo o los estudios nos abruma.

Honrando a Jesus en el dia a dia

Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres.

Colosenses 3:23, RVR1960

Este pasaje nos abre los ojos a una verdad muy práctica: cualquier cosa —grande o pequeña— puede convertirse en un acto de adoración si la hacemos para Dios. Preparar la comida, cambiar pañales, atender a un cliente, estudiar para un examen o limpiar la casa… todo puede ser espiritual cuando lo hacemos con la intención de honrar a Cristo.

En mi opinión, el evangelio transforma lo cotidiano porque nos recuerda que no vivimos para nosotros mismos, sino para Cristo que nos amó.

Jesus no quiere estar solo en la parte “religiosa” de nuestra vida. Quiere ser parte de todo: de cómo trabajamos, cómo tratamos a la gente, cómo usamos nuestro tiempo y hasta de cómo descansamos.

Pablo escribe:

Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Colosenses 3:17, RVR1960

Adoracion en lo rutinario

Muchas veces pensamos que adorar a Dios es solo cantar en la iglesia. Pero yo pienso que también adoramos cuando hacemos el bien, cuando somos íntegros en el trabajo, cuando servimos a nuestra familia o cuando decidimos perdonar a quienes nos ofenden.

El evangelio transforma la rutina porque nos enseña a vivir con gratitud y propósito. Cada día se convierte en una oportunidad para mostrar el amor de Cristo en lo pequeño y en lo grande a los que no le conocen.

El evangelio no es solo el inicio de nuestra fe, es la vida misma de nuestra fe. No es solo el domingo, es cada día de la semana. No es solo un recuerdo de lo que Cristo hizo, es una realidad de lo que sigue haciendo en nosotros.

Cuando dejamos que el evangelio transforme nuestra rutina, cada día común se convierte en una oportunidad extraordinaria para glorificar a Dios.


Preguntas para Reflexionar
  • ¿De qué manera puedo recordar que mi rutina diaria también es un acto de adoración a Dios?
  • ¿Hay áreas de mi vida donde vivo más para agradar a los hombres que para el Señor?
  • ¿Cómo puedo invitar a Cristo a participar en mis responsabilidades diarias (trabajo, estudios, familia)?
  • ¿Qué actitudes necesito cambiar para reflejar mejor a Jesús en mi día a día?
  • ¿Estoy descansando en Cristo en medio de mis cargas o tratando de hacerlo todo en mis fuerzas?